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martes, 24 de enero de 2012

Isleños, paisajes, bailes emigrantes




En los campos de Las Villas se asentaron muchos canarios. De ahí que haya en Manicaragua y Camajuaní tanto guajiro de ojos claros. Muchos se dedicaron al cultivo de tabaco,  a la caña de azúcar y a la venta ambulante. Sancti Spíritus, he leído, fue el territorio villareño con mayor densidad de población canaria.

Desde niño oía hablar de “los isleños”, sin que supiera –en realidad, ni me preguntaba– de dónde venían aquellas personas de piel colorá. Tener una abuela, un abuelo, una madre o un padre isleño era frecuente, al menos en Santa Clara. Gente testaruda y de malas pulgas quería decir isleño en mi infancia. Mi tozudez, por llamar de alguna manera a ese bonito rasgo personal, llega por la rama Guedes, tronco canario marcado por largos gobiernos matriarcales de mano dura.



Al rascar un árbol genealógico –práctica frecuente de un tiempo a esta parte cuando en Cuba “se ha puesto de moda” poner al día los ancestros hispanos– no es raro que aparezcan en las viejas actas toda clase de inexactitudes en nombres, apellidos, fechas. Una las razones de estos yerros es que cientos de mozos canarios decidieron emigrar antes que servir de carne de cañón en la guerra de Marruecos. Eso, en la última gran oleada de emigrantes que llegó al Caribe entre 1911 y 1927. Pero el trasiego de isleños a Cuba comenzó en el siglo XVII. Se dice fácil.


Hay numerosísimos cubanos hoy en esa tierra de españoles que no cecean. Entre las muchas semejanzas que tienen con los cubaniches es que dicen guagua y no autobús, y que gustan del “punto” y la décima improvisada. 


En los guateques disfruta, canta y toca la guajirada de las islas de allá y acá, bailando en parejas, “sacando agua del pozo”, pintoresca coreografía que soy incapaz de describir.


Mi querido y viejo amigo Víctor Fernández hizo hace muy poco este grupo de fotografías que, me dice, atrapa sólo “lo que tenía más a mano” de las extraordinarias visiones que ha tenido en las islas. En una de esas cimas elevaremos un día un enorme papalote coronel. Eso está escrito.