Ayer maravilla fui... cantaban en 1927 los jóvenes prietos con voces impostadas
adelantándose al momento grave, choteando a Góngora, "vacilando" a
Góngora o a quien fuere y, de paso, a la auténtica e irremisible pérdida de la
juventud:
hoy sombra de mí no soy…
Los discos que dejaron grabados los
sextetos-septetos Habanero y Nacional han sido editadas in extenso en soporte
digital por casas disqueras de otros países. En Cuba no se conocen; no se
venden ni difunden.
Todos los músicos que actuaron en esos registros murieron
ya. Las pocas películas en que aparecieron fueron destruidas por incendios
subitáneos o se convirtieron en gelatina, víctimas del síndrome del vinagre. La
mayor parte de la gente que bailó con los septetos tampoco habita en este
mundo. Cuando converso con algún anciano que siente todavía algún interés por la
conversación y la música le pregunto por los sones viejos. "Cómo no",
es lo primero que dicen, y luego:
"No te puedo explicar, muchacho,
eran lo más grande del mundo. Ahora no hay nada parecido, nada que se acerque a
aquello, tú no te imaginas. Eran una cosa tremenda, tremenda. Tú decías el
Habanero y estabas hablando de lo más grande, lo más grande que había en Cuba."
Los viejos insisten siempre en lo
mismo, en lo mismo, en lo mismo. Por algo será.
De 1920, china,
vengo pulsando la lira,
luchando con los soneros,
ninguno me hizo ná.
"En Guantánamo"
(Juana González de Neri)